El blog de Salim.

La danza contada por sus protagonistas.

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Autora: Maré Mur. Bailarina de danza oriental

22 de junio de 2021

EL DESHIELO DE LA MIRADA

Lleva unos minutos entre bambalinas, a la espera de que haga su final la compañera que va delante. La música está a punto de terminar. Es su primer solo en un escenario y como trabajo coreográfico.  Abre sus fosas nasales para que  entre gran cantidad de oxígeno y hace respiraciones torácicas.

Todo va a salir bien, se repite entre respiración y respiración. Pero sigue dando vueltas por el foro de un lado a otro, una y otra vez, hacia allí, hacia acá. No consigue que el cañón dentro de su pecho, deje de lanzar munición, atacando su estómago que es un tropel de libélulas desorientadas, o su cabeza donde las luces  plateadas y giratorias de una discoteca, trastornan los entresijos de su tronco encefálico, el cerebro y el cerebelo. Pero su corazón no le da ninguna señal, oculto bajo una gruesa capa de hielo. Mi pobre e inestable corazón es un niño asustadizo que se encoge antes de leer un diagnóstico médico; que se tambalea cuando se aleja de su rutina dentro de casa; que   se siente perdido ante la futilidad del hecho prosaico de una cita con el abogado, solo para hablar de la venta de su herencia.

He trabajado mucho, se recuerda mientras coloca su sombrero borsalino negro, adornado  con la misma cinta que lleva anudada al cuello, muy canalla, como las tangueras de los arrabales bonaerenses. Sacude con la mano las mallas que desde la rodilla hasta el tobillo, se ensanchan para realzar los giros; me quedan cortos. Estira la sobrefalda asimétrica; uff! me queda grande.   Recoloca el top de la misma tela que la sobrefalda, de color negro con brillos de todos los colores. Los abanicos en su mano izquierda esperan, con la larga tela de seda cuidadosamente recogida, a   lucirse volátiles en su coreografía cuando abran sus alas; como me confunda y agarre el abanico izquierdo con la mano derecha, no podré abrirlo. Prefiero no pensarlo. Pone su mano derecha sobre la frente, y cierra los ojos preocupada, como si  un dolor de cabeza fuera regando alfileres por su sien.

Todo va a salir bien, he trabajado mucho. Se lleva la mano al lugar que ocupa el corazón, pero no siente nada; como si su esencia se hubiera vuelto gas. Inhala con fuerza, las costillas se expanden, los pulmones ya tienen sitio y los alveolos acogen el oxígeno. Exhala con la boca abierta y baja los hombros. Tiene la boca seca y ha dejado la botella de agua en el camerino. Ya no hay tiempo. La música de la actuación anterior va bajando el volumen.  Ella se coloca  en el bastidor izquierdo, detrás de la cortina que abre paso al escenario. Su interior titila como las estrellas, pero suena como huesos que entrechocan. Los aplausos cesan cuando su compañera  deja la escena vacía para ella. Es su turno. Sujeta con  conciencia los abanicos,  exhala con fuerza a la vez que eleva su torso y hace crecer su cuello de gacela.

Las luces bajan la intensidad igual que los comentarios del público, que calla expectante ante la próxima actuación. Todas las miradas se dirigen hacia el foco de luz. Con las primeras notas de un violín afligido que surgen  del fondo del teatro,  ella empieza a percibir  el desperezarse de su corazón. Espera a que llegue el momento musical exacto para hacer su entrada y…con el contacto de las miradas desde la platea, la nieve helada comienza a derretirse, impulsándola a conectar música y movimiento. Poco a poco, al mismo ritmo que se va produciendo el deshielo, surge desde su corazón, inusitadamente cercano, pétalo a pétalo, un girasol cabizbajo que se abre paso entre el carámbano, elevando su rostro, moviendo sus hojas en un fluir orgánico y musical.

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Autor: Claudio. Profesor y bailarina de tango.

14 de junio de 2021

HISTORIA DE LA VESTIMENTA DEL TANGO

VESTIMENTA DEL HOMBRE.

La vestimenta del hombre emulaba a la del «compadrito», o chico recio de la calle, y se caracterizaba por las botas de taco alto, los sombreros de fieltro y las corbatas de seda mal anudadas. Los músicos más famosos del tango, como Carlos Gardel, quienes a menudo lucían una bufanda de seda, trajes con doble botonadura y el pelo peinado hacia atrás, influenciarían años más tarde al atuendo del hombre.
VESTIMENTA DE LA MUJER.
El tango tuvo un fuerte impacto en la vestimenta de las mujeres de 1910. Cuando esta danza llegó a Estados Unidos y Europa, la ropa de las mujeres se volvió más ligera y holgada para adecuarse a los movimientos propios del tango, caracterizado por un estrecho abrazo entre la pareja, muchas veces mejilla con mejilla, con las piernas extendidas entre las de su compañero de baile. El «satén tango», naranja y amarillo, se vendía como pan caliente y el «tango visite», que los diseñadores anunciaban en 1913, era un vestido con una parte alta holgada y transparente y una falda que llegaba hasta la mitad de la pantorrilla.
LA REVOLUCIÓN DEL TANGO EN LA MODA.
El tango causó tal sensación que revolucionó el uso del corsé. Los fabricantes se adaptaron al cambio al confeccionar corsés especiales para bailar, que permitían mayor movilidad en la parte superior del cuerpo. Esto contrastaba claramente con la moda impuesta por la «chica Gibson», que se caracterizaba por faldas largas y sueltas y corsés a la cintura muy apretados. Además, la falda pantalón, o pantalón para mujeres, se puso de moda para adecuarse a la danza.
En este vídeo podrás descubrir mucho más

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Autora: Kenza. Profesosa y bailarina de danza oriental, hula, burlesque y striptease.

11 de mayo de 2021

«La Danza para mí es sinónimo de Libertad, independientemente del estilo de Danza que interpretes con tu cuerpo.

Yo fui una niña muy vergonzosa con respecto a ésto, y, aunque arranqué tarde, después he probado muchas cosas con mucha alegría.

Empecé a soltar mi timidez con las Sevillanas, y al llegar a la Danza Oriental fue como volver a casa. Después llegó el baile sensual, el Burlesque y finalmente el Hula (Danza Hawaiana).

Todo ello es parte de mi re-conexión con algo fundamental: la DANZA, la LIBERTAD.»

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Autora: Càrola: bailarina de danza y folclor egipcio.

3 de mayo de 2021

ZAR EN EGIPTO: MI EXPERIENCIA EN EL CAIRO

Había escuchado hablar del Zar muchas veces. Algunas bailarinas de danza oriental han hecho del Zar una representación escénica y habia visto algo en mis busquedas online, sin embargo siempre he pensado que lo que hubiera podido encontrar en Egipto habría sido muy diferente.

El año pasado me quedé  en Egipto durante un mes y medio, y en cuanto llegué al Cairo fui al centro de conservación de arte y cultura tradicional para asistir a un concierto Zar.

Los músicos del grupo Mazaher estaban sentados fuera del local, en pequeños asientos de madera. Inmediatamente me llamó la atención el rostro de Mahida: una maravillosa mujer vestida con una Galabeya púrpura y una serie de amuletos alrededor del cuello. Mahida es la voz del grupo Mazaher. Durante toda la velada se ha balanceado con una serie de movimientos peculiares, llevando un velo negro en su cabeza, cantando y tocando con el resto del grupo. El pequeño local estaba lleno de gente así que buena parte del publico estaba sentada en el suelo. La música incesante duró un par de horas. Al final de la velada busqué a mi amiga K. entre la gente pidiéndole poder hablar con Mahida y saber más sobre lo que acababa de ver. Mahida nos cuenta que la música Zar nació por una necesidad:

“Si las costumbres rurales obligaban a las mujeres a quedarse en casa cuidando de sus familias, la danza les permitió no transformar la vida asfixiante a la que estaban sometidas en una enfermedad mental. Con este tipo de música creamos un espacio en el que todos trabajamos juntos para eliminar las frustraciones y las limitaciones sociales que definen nuestros movimientos, nuestras voces y nuestros sueños”…

Me doy cuenta de que este encuentro maravilloso marca con fuerza mi primera noche en el Cairo.

Al día siguiente me dirijo a la Librería de la universidad americana en el Cairo y compro unos textos en los que puedo estudiar algo mas sobre este tema. Aquí quiero compartir con vosotros alguna información para que las bailarinas puedan orientarse a la hora de hacer una representación escénica.

El Zar es un sistema de creencias basado sobre un panteón de espíritus, cada uno de los cuales tiene una personalidad específica. Según la concepción Zar, cada uno de nosotros vive con un espíritu que ocasionalmente entra en conflicto con nosotros mismos por razones diferentes. Sin embargo, hay momentos puntuales en los que el conflicto se puede manifestar: por ejemplo durante la adolescencia, o con el matrimonio. Por lo tanto el ritual Zar sirve para reconciliarse con el espíritu. No se trata entonces de un exorcismo, como muchos creen, sino de una especie de reconciliación.

Es un culto de posesión practicado principalmente por mujeres y la devoción se hereda a través de un linaje femenino. El ritual incluye música, danza, trance, sacrificio; todos elementos que según los adeptos sirven para apaciguar las aflicciones, especialmente las de carácter social. El papel predominante de la mujer en este culto se puede considerar justamente como una especie de compensación por su exclusión, o menor autoridad, en otros ámbitos sociales.

Toda la comunidad Zar es esencialmente un network que sirve como red de apoyo y cercanía para las personas mas excluidas socialmente. Gracias a esta comunidad los adeptos mejoran la percepción de ellos mismos y de su propia existencia.

El repertorio musical del Zar Egipcio es muy interesante, es una colección de diferentes músicas con diferentes ritmos. La música zar es una música polirrítmica donde hay un grupo de músicos que tocan y cantan alrededor de la persona que pide el rito y necesita ser atendida.

La música y la danza ayudan a la persona a entrar en un estado de trance, después del cual la música crece y alcanza un clímax que se acaba con la caída de la persona. La caída por un lado es signo de posesión y por el otro marca el final del baile. Esta catarsis es el momento de satisfacción tanto para el espíritu como para el poseído.

Es evidente que el Zar haya sido muy criticado por los reformadores fundamentalistas. En su intención de reformular la esencia de los valores islámicos y corregir las prácticas, el Zar en Egipto fue visto como una superstición y una práctica herética.

La capacidad del Zar de incorporar y absorber nuevos elementos reflejando los cambios en la sociedad egipcia es una de sus características fundamentales. Es como una escuela:

o sea ofrece una técnica para empoderarse (especialmente a las mujeres), lidiar con sus vidas aprendiendo a escuchar y a creer en sí mismos, en sus intuiciones y  experimentar el mundo.

Probablemente cada viajero que ha llegado a asistir a algo así llega a conclusiones diferentes. Yo solo puedo decir que cuando volví de Egipto sentí un vacío porque en nuestra evolución social  hemos valorado la parte racional. La relación con nuestra parte irracional así como la espontaneidad  no es habitual. La danza nos da la posibilidad de experimentar nuestra parte irracional, de disfrutar por disfrutar sin un fin concreto. Deseo buena danza a todas y todos, con alegría y espontaneidad.

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Autora: Ellen Madhya. Profesora de danza oriental

13 de abril de 2021

CUMPLIENDO SUEÑOS

La danza va unida a tu estado emocional y de la mano en cada momento de tu vida.

La danza aporta recursos tales como darnos la valía para entrar en el camino del proceso en el que aprendemos a aceptarnos y querernos con nuestras luces y nuestras sombras.

Cuando eres bailarina solista, aprendes que la paciencia es una gran maestra. Y que el trabajo en solitario fortalece tu enfoque.

Como alumna y como docente, la danza siempre me acompaña, siempre está ahí.

Como docentes, podemos sentirnos recompensados al ver el crecimiento de los alumnos a través de nuestro trabajo. Permite abrir mundos y formar parte de la biografía de muchas personas.

Sin embargo, como alumnos debemos tener objetivos flexibles, en los que el objetivo sea el aprendizaje y no tanto el resultado en sí mismo.

Atreverse a ser uno mismo y confiar. Porque no somos, nos estamos convirtiendo.

Por ello, ama el reflejo de tu espejo y permítete. Aférrate a lo que te hace feliz.

 

¡¡Hazlo porque te Amas!!

 

Ellen

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Autora: Helena Garal. Alumna de danza oriental

22 de marzo de 2021

Voy a aprovechar la oportunidad que me da Salim ropa de danza de participar en su blog para relatar cómo la danza oriental me ha ayudado personalmente en estos meses de pandemia.

Mi historia de amor con la danza oriental comenzó hace ya muchos años, más de diez. Siempre me había gustado bailar y había tomado clases de otras disciplinas como danza española, bailes de salón, salsa… Pero desde mi primera clase de danza oriental supe que esto era algo especial y que además de disfrutar con los movimientos y la música, me ayudaba a conectar con mi feminidad y a crecer artística y humanamente.

He tenido la suerte de haber aprendido de la mano de excelentes profesoras, las cuales me han aportado a lo largo de este camino su visión y expresión particular de esta danza que amamos. Cada una aportando matices y detalles diferentes y, lo más importante, inculcando a sus alumnas el respeto y cariño a las raíces y tradición del raqs sharqui.

Por todo ello, siempre había valorado cada clase de danza, cada taller o actuación como un momento especial, un lugar para el aprendizaje, el crecimiento y disfrute personal y de enriquecimiento a todos los niveles.

Lo que no sabía era el papel aún más importante y motivador que tendría la danza a partir de marzo de 2020… ¿Pero quien se imaginaba que la vida podía cambiar tanto de un día a otro, y que sufriríamos una pandemia mundial?
Recuerdo perfectamente el shock de las primeras semanas de confinamiento, con todos los medios de comunicación hablando constantemente de enfermedad, muerte y cifras sobrecogedoras.

También recuerdo el momento en que recibí en el móvil aquel mensaje de mis profesoras de oriental: “chicas, quizá haya una manera de seguir las clases, podríamos darlas por videoconferencia y así poder seguir compartiendo esos momentos de creatividad, de alegría, de pasión”. ¡Y de repente, la llamita de la esperanza se volvió a encender!

Mi clase de danza se convirtió en el momento de oro de la semana, un oasis en medio de las horas de teletrabajo, tareas domésticas, hijos…

Los días de clase eran mágicos. Nos hicimos unas expertas en tecnología: zoom, jitsi, hangouts, ¡ahora mismo las alumnas y profesoras de oriental estamos preparadas para lanzar un cohete en la NASA si quisiéramos! Todo esas posibles dificultades técnicas de la conexión se pasaban en el momento en que iniciaba sesión en zoom y empezaba a oír los primeros acordes de la música del ejercicio de ese día: un shaabi egipcio, quizá una canción romántica o todo un clásico como Alf Leila wi Leila. Mi cuerpo se empezaba a mover imitando los movimientos de mi profesora. La música y la danza me proporcionaban la libertad que ahora no tenía, me hacían viajar en el espacio y en el tiempo y me transportaban a lugares exóticos: El Cairo, Damasco, caravanas en el desierto y esencias de té y cardamomo. Entonces dejaba mi cuerpo fluir con la melodía y estaba en paz. Me servía para evadirme de la rutina diaria y de los titulares escalofriantes.

Esta experiencia me ha servido también para estrechar más aún los lazos con mis compañeras y mi profesora de baile. Esas mujeres fuertes y valiosas con las que he podido compartir mis preocupaciones, dudas, ¡hasta celebraciones de fechas especiales! a través de una pantallita en el móvil, esas mujeres que nos hemos ayudado a sostenernos unas a otras en estos momentos difíciles y que se han convertido en un pilar importante de mi vida.

Estoy segura de que muchas otras bailarinas se sentirán identificadas al leer esto… y para todas ellas va este merecido agradecimiento y homenaje.

Autora: Antonio Cobos. Bailarín de tango

16 de marzo de 2021

DANZANDO, DISFRUTANDO, VIVIENDO.

Ya desde muy jovencito, la danza me cautivó. Pero yo también gozaba. Pura complicidad. Suena la música y se produce una simbiosis entre cuerpo, mente, alma, paz, vibraciones … ejerciendo un elemento inagotable y vital.

Todos los poros de mi piel respiran, los músculos se relajan, piernas, brazos, cintura, caderas, manos, hombros, pies … TODO, danzan acorde al sonido que absorben todos mis sentidos. También el oído.

Es un proceso “casi mágico”; en  infinidad de ocasiones, agotado, exhausto, casi enfadado con la rutina y el trabajo diario, me dispongo a dejarme llevar por la “danza” y toco la tecla curativa, danzarina, musical. Cierro los ojos.

Ya no hay caos, ni agotamiento; mi cuerpo se eleva, no pesa, mis pies aletean sobre la pista; la elasticidad de cintura y brazos es prodigiosa. Ya estoy abrazado al vínculo danzante de la música.

Así pueden pasar horas y mi cuerpo responde cual mecanismo perfectamente engrasado y jovial. Me elevo, disfruto, siento. Gozo.

Danzando rápido, más rápido; ahora lento, suave, sutil. Otra vez “in crescendo” con un ritmo armonioso, cambiante, de mil modos … provocando bienestar, belleza, plasticidad, coordinación. PAZ.

Cuando las notas musicales dan una tregua y se hace el silencio. Yo ya planifico el siguiente encuentro sublime para volver a DANZAR.

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Autora: Carolina. Profesora de tango

9 de marzo de 2021

LA IMPORTANCIA DEL VESTUARIO DE TANGO Y SUS ÉPOCAS

Desde la pollera recta a la rodilla con tajo al costado, creada por madame Jeanne Paquin a principios del siglo XX, y atribuida también a la legendaria bailarina rioplatense Carmencita Calderón, el atuendo de la milonga se fue actualizando con las épocas. Y aunque los únicos indispensables parecen ser los zapatos, que se pueden llevar en la cartera, hay ropa de todo tipo y costo que sintetizan la mística del baile y las tendencias.

El tango se bailó con pollera/falda hasta el piso en la belle epoque, que se acortaron durante los años locos del charleston, y así siguió aggiornándose hasta las bailarinas etéreas y actuales de Piazzolla»

En faldas de muselina, satén y raso, enaguas con encaje, corsets emplumados, ruedos con flecos o canutillos, y vestidos de noche.

el estilo de la ropa responde al de la música. «No es lo mismo vestirse para bailar vals o tango antiguo de D´Arienzo, que es clásico y elegante, que para el lento de Pugliese, más romántico y atrevido. Para las milongas se admiten volados, color y polleras más cortas, mientras que para Piazzolla son mejores los vestidos lánguidos, transparentes y amplios

En los años 40, se usaba cruzado, con hombreras, solapas grandes y corbata ancha», explica Copes. Después vino la época de los Divito , cuando el saco se acortó y entalló, con pantalones bombilla, cintura alta y muchos botones. «Antes, en los años 30, cuando bailaba Cachafaz, se impuso el traje cambrona, el clásico rayado», agrega. Y señala que de entonces es la moda del sombrero y el lengue (pañuelo ancho al cuello). «Pero la moda y la música evolucionan. Para bailar Piazzolla o Salgán, Copes usa pantalón negro con camisa amplia, con hombreras y cuello mao desprendido, sin saco», aclara. Pero insiste en que nada de eso es importante: «Hoy, es mejor evitar disfrazarse. No hay que ir a la milonga como si se fuera al túnel del tiempo.»

La ropa es importante al momento de ir a la milonga,si bienl vest no hay que difrasarce ,es primordial que sea comodo el vesturio pra poder bailar todas las tandas,lo mismo se aplica a los hombres en su vestuario que debe ser comodo y adecuado para bailar .

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Autora: María Calera. Profesora de danza oriental.

1 de marzo de 2021

Entro a clase. Comienza la música y el cuerpo despierta, la mente comienza a calmarse por fin. Empiezo a sentir las plantas de los pies y desde ahí la energía sube por mis piernas, caderas, torso, brazos, cabeza hasta perderse y viajar por todos lados.

Respiro con más conciencia y atención. El calentamiento me encanta porque me conecta y va engrasando articulaciones, elongando y tonificando músculo.  Me concentro en cada movimiento para realizarlo con esmero.

La música árabe me lleva de viaje a lugares que me apaciguan y reconfortan tremendamente; entro a un nuevo estado físico, anímico, emocional. La mente se me ha perdido en el camino y menudo descanso…

Aterrizo un poco y vuelvo a concentrarme en el cuerpo y la respiración.

Disfruto cada sensación: la fuerza y anclaje de mis piernas, el poderío y energía tan profunda en mis caderas, la estabilidad en el centro del cuerpo, la soltura y movilidad que va ganando mi torso, la expansión en mis brazos.

Intento hacer más preciso el movimiento, ponerle la energía óptima, adecuarlo más a la música, expandirlo y expandirlo… Y en cada intento agradezco cada oportunidad que me da la danza para crecer, descubrirme más allá de lo aparente y seguir.

Escucho y analizo la música.  Mi oído reconoce sonidos, instrumentos, mide tiempo y cadencia; siento como la vibración envuelve y facilita cada paso.

Movimientos en ocho, espirales, camellos, círculos… Son continuos, como un dibujo donde no levanto el lápiz y busco nuevos trazos. Recorridos hipnóticos que profundizan en mí,  me recorren e incluso me poseen sacando emociones que andaban por ahí.

Vibraciones muy liberadoras donde el cuerpo se suelta con un centro estable y un buen enraizamiento. Respiro con calma dejando que fluya y disfruto tremendamente, aligero y suelto tensiones y mucho más que tensiones…

¡¡¡Desplazamientos, pasos, giros!!! El entorno a mi alrededor como compañero de baile, me relaciono de muchas formas: suave, fuerte, rápida, lenta, pesada, ligera… No hay límite entre mi cuerpo y el espacio, no hay límite entre mi cuerpo y la música, en realidad no encuentro ningún límite; me desaparezco y es pura delicia.

Solo encuentro un inconveniente, la clase de danza oriental se termina y la vuelta a lo cotidiano me cuesta un poco, allí se me hace más difícil desaparecer.

Afortunadamente y con tremenda gratitud a tod@s mis maestr@s (anteriores y actuales) en cuanto hay ocasión vuelvo a desaparecer para entregarme a la danza.